domingo

Calderón defiende guerra antinarcos

HENRY ORREGO / AFP
MEXICO
Al hacer un balance de la mitad de mandato, el presidente mexicano Felipe Calderón defendió este domingo su guerra contra el narcotráfico en la que dijo mantendrá involucrado al Ejército, pese a críticas que culpan a esa estrategia de exacerbar la violencia con 14,000 muertos en tres años.

Los barrios populares de Honduras, divididos sobre el retorno del presidente Zelaya


Henry Orrego (AFP) Tegucigalpa
En los barrios pobres de Tegucigalpa, la población parece tan dividida como en el resto de Honduras en torno al golpe de Estado que expulsó al presidente Manuel Zelaya, mientras las organizaciones populares se preparan para garantizar la seguridad del mandatario depuesto a su regreso, previsto inicialmente para este jueves pero retrasado tras el ultimátum de la OEA.

"Siempre hemos vivido con miedo en el estómago, e incluso si seguimos teniendo miedo, no vamos a dejar que derriben el gobierno de los pobres", afirma Pedro Hernández, obrero del barrio de San Miguel.

En el sur de Bogotá, jóvenes son reclutados para ir a la muerte

Henry Orrego (AFP) - El Nuevo diario - Nicaragua - 05/10-2008


La aparición cerca de la frontera con Venezuela de 23 cadáveres de jóvenes denunciados como desaparecidos en barrios pobres del sur de Bogotá, parece haber desnudado, según familiares y grupos de derechos humanos, un macabro mercado en el que se contratan muchachos para matarlos.

Una comisión estatal fue conformada para investigar testimonios que implican incluso a militares en el reclutamiento de jóvenes con tentadoras ofertas de trabajo en el campo. Una vez allí, son ejecutados y presentados como combatientes irregulares muertos en combate.

En el sur de Bogotá, jóvenes son reclutados para ir a la muerte

Henry Orrego (AFP) - El Nuevo diario - Nicaragua - 05/10-2008

La aparición cerca de la frontera con Venezuela de 23 cadáveres de jóvenes denunciados como desaparecidos en barrios pobres del sur de Bogotá, parece haber desnudado, según familiares y grupos de derechos humanos, un macabro mercado en el que se contratan muchachos para matarlos.

Una comisión estatal fue conformada para investigar testimonios que implican incluso a militares en el reclutamiento de jóvenes con tentadoras ofertas de trabajo en el campo. Una vez allí, son ejecutados y presentados como combatientes irregulares muertos en combate.

El tema esta en la agenda del canciller Jaime Bermúdez, que esta semana se reúne en Londres con la cancillería británica que financia un plan de entrenamiento en derechos humanos para las tropas colombianas, según anunció el Foreign Office.

De acuerdo con los reportes en poder de la oficina de alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo (ombudsmán), tan sólo en Bogotá casi 300 jóvenes de entre 20 y 30 años desaparecieron en el último año en circunstancias similares.

"Mi hijo era un muchacho bueno, trabajador, quería salir adelante, nunca tuvo problemas", dijo Flor Hilda Hernández, madre de Elkin Verano, uno de los jóvenes hallados en una fosa común en la ciudad de Ocaña (noreste), enterrado como muerto en combate.

Hernández relató a la AFP que su hijo salió de casa a comienzos de enero, sin comentarle nada, junto a su mejor amigo Joaquín Castro, con quien trabajaba en una fundición.

Una semana después "el 13 de enero me llamó por celular, me dijo que estaba bien, con Joaquín, y que pronto regresaba".

De ambos no se supo nada hasta cuando sus cuerpos fueron hallados a fines de septiembre. "El proyecto de mi hijo lindo era trabajar para ayudarme, porque él era mi mano derecha, pero en ningún momento me comentó que se fuera a ir para ningún lado", afirma la mujer, que carga como un tesoro la foto de Elkin, de ojos claros y cabello corto.

Un texto de la oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, señala que según numerosos testigos los jóvenes desaparecen tras recibir ofertas de trabajo y "uno o dos días después de haber sido vistos con vida por última vez por sus familiares, resultan reportados como muertos en combate por el Ejército".

"Mi hijo salió de la casa el 4 de marzo en la mañana y apareció muerto a las dos de la tarde del 5 de marzo, con un camuflado y botas, no es posible ni lógico", apuntó Ana Garzón, madre de otro de los jóvenes.

En las calles polvorientas de Ciudad Bolívar, una comuna de 350 barrios tuguriales con 700.000 habitantes en el sur de Bogotá, la presencia de grupos ilegales no es un secreto.

"Los 'muchachos' patrullan armados, con pantalón camuflado y camisa negra. Extorsionan en las tiendas y los autobuses", cuenta temeroso Jaime, profesor de un colegio católico en la zona.

"Tenemos miedo por nuestros hijos, cuando vamos a trabajar tenemos que dejarlos encerrados, pero los más grandecitos son otra cosa, ellos no quieren estar en la casa y uno no sabe qué puede pasarles", dijo Miriam Rodríguez, empleada de aseo en un centro comercial y quien a sus 29 años, ya tiene un hijo de 14, Eduardo, que abandonó la escuela.

"Para estos jóvenes tener un trabajo con un salario fijo mensual es una posibilidad muy atractiva en barrios donde no tienen opciones de trabajo o estudio", dijo Jorge Rojas, director de la ONG Codhes, (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento).

Rojas cree que en este tema el gobierno usa "la táctica del avestruz, de meter la cabeza para no reconocer la realidad". "El gobierno piensa que aquí no hay un conflicto armado interno, que los paramilitares (de ultraderecha) no existen, que la guerrilla está controlada y el narcotráfico derrotado", señaló.

viernes


Universarios de Bogotá ponen en marcha el "Waiting for mister Bush"
BOGOTA, 9 Mar 2007 -

Gerardo mira nervioso a su alrededor antes de sacar de su mochila lo necesario para una "bomba papa" (explosivo artesanal de bajo poder), en un bar cerca de la Universidad Nacional de Bogotá, epicentro de las protestas contra la visita del presidente estadounidense, George W. Bush. "Aquí estamos 'waiting for mister Bush'", dice y suelta una carcajada mientras mueve algunos paquetes y la capucha sobre la mesa.

A punto de cumplir 30 años, dice que es uno más de los 22.000 estudiantes de la principal universidad estatal colombiana donde ha iniciado varias carreras, aunque no terminó ninguna. Un envoltorio de aluminio, unos cuantos gramos de químicos y una moneda, que al chocar con el pavimento sirve de detonante, sirven para fabricar las bombas que junto a las piedras, han sido sus armas para los choques que desde el martes sostienen con la policía en las avenidas que rodean el extenso campus.

Bush hará el domingo una escala de seis horas en Bogotá en la mitad de su periplo, tras visitar a Brasil y Uruguay y antes de viajar a Guatemala y México. La visita la dedicará casi exclusivamente a hablar con el presidente colombiano Alvaro Uribe, su principal aliado en la región y cuya estrategia de mano dura contra la guerrilla ha apoyado integralmente.

Los universitarios han sido los más beligerantes en las protestas que ha generado esta segunda visita de Bush a Colombia, donde ya estuvo en 2003 en el balneario de Cartagena (norte). "Afuera, nefasto emperador Bush", "Trágate tu TLC", "No eres bienvenido a Colombia, asesino de iraquíes", rezaban algunas pancartas exhibidas por un centenar de estudiantes encapuchados que el jueves protagonizaron una gresca de cuatro horas, lanzando piedras y bombas papa a los agentes antimotines, que los repelían con chorros de agua.

"No los hemos dejado tomarse la calle", comenta el general Daniel Castilanco, comandante de la Policía en Bogotá. Pero para muchos de los 6 millones de habitantes de la capital colombiana ha sido el caos. "No he podido llegar rápido a la casa, porque los trancones (atascos de tráfico) no dejan", se queja Manuel Gachavita, un obrero de 25 años tras observar los enfrentamientos callejeros desde una estación del Trasmilenio, un servicio de autobuses públicos.

Los directivos de la universidad optaron por cancelar actividades académicas hasta el lunes. Las centrales obreras y la coalición de izquierda Polo Democrático han programado una manifestación el domingo, aunque el estricto plan de seguridad los mantendrá a dos km de distancia de la Casa de Nariño y sus alrededores, fortificados para la ocasión.

"Allí estaremos", promete Gerardo, para quien la última semana ha sido agitada. Para él y sus compañeros las protestas se justifican no sólo por lo que representa Bush como "cabeza del imperio e invasor de Irak", sino sobre todo por su apoyo a Uribe, especialmente tras el escándalo que llevó a la cárcel a ocho congresistas oficialistas por supuestos nexos con grupos paramilitares de ultraderecha. "No es posible que nos vengan con el cuento de que todos los demás eran malos, pero que Uribe es un santo", comenta, mientras levanta una botella de cerveza.
“Quiero que digan: ésa era mi profesora”
Octubre de 2006 - Aprender es un juego de niños

Luz Marina Mahecha se levanta poco antes de que el sol despunte entre las montañas del sur de Bogotá dejando ver las miles de “invasiones” que conforman la comuna de Ciudad Bolívar. Madruga tanto porque tiene 13 hijos que atender, aunque en realidad no son suyos: son los niños que sus vecinas del barrio Caracolí dejan a su cuidado para poder ir a trabajar. En el barrio sólo uno de cada tres adultos tiene un trabajo legal y la población aumenta cada semana con la llegada de desplazados que abandonan las zonas rurales huyendo de los paramilitares y la guerrilla. Luz Marina, que aún no cumplió los 40 años, dejó hace dos sus empleos temporales como costurera o vendedora para dedicarse a tiempo completo a su labor de “madre comunitaria” en el marco de un proyecto que ya completa 20 años con el cual el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar atiende a 1,04 millones de niños, evitando que se queden en la calle o encerrados en sus hogares mientras sus padres cumplen con sus horarios laborales. Como Luz Marina, otras 5.000 madres comunitarias ejercen en Bogotá, y un total de 82.000 en todo el país. Un estudio hecho en el marco del Informe Mundial de Seguimiento de la Educación para Todos 2007 con adolescentes de 13 a 17 años muestra que los que participaron de niños en este programa tienen más posibilidades de permanecer en la escuela sin repetir curso.
Jornada completa
“Mi labor empieza a las cinco de la mañana, porque mi esposo sale temprano a trabajar y yo me levanto para hacer el desayuno de mis tres hijos, que van a la escuela en un barrio cercano, y empezar a preparar las cosas para los niños del jardín”, cuenta esta mujer rolliza, de brazos grandes y mejillas quemadas, más que por el sol, por el frío de los cerros bogotanos. “Cuando me propusieron trabajar con Bienestar Familiar, no lo pensé, aunque tuve que hacer muchos arreglos en la casa”. Por entonces, Luz Marina y su esposo, obrero de la construcción, vivían en una casa de ladrillo y tejas de metal construida en un terreno aplanado por ellos mismos. Adaptaron lo que era la sala y el comedor de la vivienda para acoger el jardín. Pintaron las paredes de esos dos cuartos, los únicos que tienen color en la rústica vivienda, y echaron colorante rojo al cemento del piso para que simulara baldosas. Con dos rejillas, separaron el ‘hogar infantil’ del resto de la casa: dos habitaciones y un patio techado que alberga muebles viejos. Por último, bautizaron el hogar con un letrero pintado con lápices en papel: “Mis Amiguitos”. Para Luz Marina, hacerse cargo de esos pequeños supuso poder tener un trabajo estable en su propia casa, evitando así los recorridos de hasta dos horas en autobús que realizaba cuando era empleada. Además, por su labor recibe una “beca” de 185.000 pesos (77 dólares) al mes, más una cuota voluntaria de entre 3 a 5 dólares que aportan los padres. El Instituto de Bienestar Familiar facilita dinero para comprar los alimentos y algunos materiales, como un televisor y la nevera.
Más que una guardería
Luz Marina no oculta que su trabajo le permite dar rienda suelta a sus habilidades de líder de su comunidad: “Con mi marido fuimos pioneros. Llegamos hace 11 años porque no teníamos para un alquiler en un sector mejor y nos preocupamos por mejorar el barrio: para tener tubería para el agua y conseguir los servicios de electricidad y teléfono, siempre hemos arrimado el hombro”, cuenta orgullosa. “Uno termina agotado. No es fácil, porque tenemos niños de varias edades. La más pequeña, Sharon, ya camina, va sola al baño y habla, habla mucho”, dice Luz Marina sonriendo. “Nunca pensé que iba a manejar tantos niños, porque uno a veces se estresa hasta con los propios”, dice. “Pero gracias a Dios, con estos niños me he sentido otra persona. Ya no es más un hijo de vecino que uno tiene que cuidar, sino que uno los empieza a sentir como propios. Juegas con ellos, te hacen reír, te cuentan cosas de su familia… Cuando se aprende a escucharlos, es mucho lo que le enseñan a uno”. La jornada se desarrolla así: tras la llegada y un lavado de manos, se desayuna con bienestarina, una harina que mezcla leche y nutrientes que distribuye el Estado para prevenir la desnutrición. Hacia las nueve y media comienza la actividad: “Cantamos, jugamos y hacemos ejercicios de preparación para la escuela. Después de las 11, empezamos a alistarnos para el almuerzo”. Luego, un poco de siesta y más actividad. Cuando hay suerte, en un antejardín polvoriento, y, si llueve, dentro. Por último, un poco de televisión, en general series infantiles educativas. De tanto en cuanto pasa un religioso y los niños reciben catequesis. A pesar de los madrugones, Luz Marina es una mujer motivada: “Me gustaría que estos niños lleguen a ser profesionales y que una pueda sentirse orgullosa de todo lo que hizo para que adelantaran. Como cuando tratas de que se muevan más y se vuelvan más despiertos, ágiles. O que muevan las manitos, porque hay muchos que vienen como tiesos. Quiero que el día de mañana, cuando me vean, puedan decir que hice algo por ellos y que digan: ésa era mi profesora”.