A 40 km de la sede de la Cumbre Iberoamericana cuyo tema central es la juventud, Mario, un ex pandillero de la "Mara Salvatrucha" de 17 años pasa en Tonacatepeque las últimas semanas de condena por homicidio, a la espera de que las promesas de futuro se cumplan esta vez.
"Todos queremos trabajar, estudiar, ser alguien", dice Mario en el patio de reclusos próximos a dejar la cárcel que alberga a otros 270 jóvenes. "Cuando salga, quiero conseguir un trabajo, para ayudar a mamá y formar una familia con mi «jaina» (compañera)", señala a su lado Gustavo, dos años mayor.
miércoles
Ser reportero en Ciudad Juárez: hacer periodismo en medio del fuego
Cada día que sale a la calle Daniel Domínguez sabe que su vida está en riesgo: su labor en El Diario de Ciudad Juárez es relatar la dosis cotidiana de crímenes y violencia por la lucha de bandas narcotraficantes en la urbe más peligrosa de México.
Un periodista y un fotógrafo de ese periódico han sido asesinados desde 2008 y las llamadas amenazantes siguen llegando a la redacción, aunque últimamente son menos frecuentes.
Estas llamadas constituyen un recordatorio de la amenaza permanente que pende sobre la prensa en México, un país con 66 periodistas asesinados en diez años, según un reporte sobre libertad de prensa presentado a comienzos de junio por la ONU.
Un periodista y un fotógrafo de ese periódico han sido asesinados desde 2008 y las llamadas amenazantes siguen llegando a la redacción, aunque últimamente son menos frecuentes.
El poeta Sicilia pide revisar la estrategia militar contra las drogas en México
La violencia que ya ha dejado 40.000 muertos en México desde finales de 2006, más que la guerra en Irak en el mismo lapso, no parará enviando al Ejército a sus cuarteles, sino replanteando la errada estrategia oficial, dice el poeta Javier Sicilia, cabeza de una marcha que pide el fin del desangre del país.
"Estamos sumando muchos dolores, dejando al país con una generación de muertos", señala el escritor, de 55 años, quien junto a cientos de víctimas de la violencia ha caminado 90 kilómetros desde Cuernavaca, donde su hijo fue torturado y asesinado junto a seis acompañantes supuestamente por un grupo del narcotráfico.
Record de payasos
Durante 15 minutos unos 300 payasos de México y varios países de América Latina hicieron reír a transeúntes en un monumento de la capital mexicana, intentando imponer lo que ellos llaman un récord de "risa continua", aunque nadie sabe decir seriamente si lo lograron.
Universitaria asume mando de policía en pueblo mexicano azotado por narcos
PRAXEDIS GUADALUPE GUERRERO, México — Marisol Valles tiene 20 años, un bebé y 19 uniformados a sus órdenes, a quienes dirige desde este miércoles como jefa policial de este poblado mexicano, azotado por la violencia y en uno de los pasos más usados por los carteles para introducir droga a Estados Unidos.
domingo
Calderón defiende guerra antinarcos
HENRY ORREGO / AFP
MEXICO
Al hacer un balance de la mitad de mandato, el presidente mexicano Felipe Calderón defendió este domingo su guerra contra el narcotráfico en la que dijo mantendrá involucrado al Ejército, pese a críticas que culpan a esa estrategia de exacerbar la violencia con 14,000 muertos en tres años.
MEXICO
Al hacer un balance de la mitad de mandato, el presidente mexicano Felipe Calderón defendió este domingo su guerra contra el narcotráfico en la que dijo mantendrá involucrado al Ejército, pese a críticas que culpan a esa estrategia de exacerbar la violencia con 14,000 muertos en tres años.
Los barrios populares de Honduras, divididos sobre el retorno del presidente Zelaya

Henry Orrego (AFP) Tegucigalpa
En los barrios pobres de Tegucigalpa, la población parece tan dividida como en el resto de Honduras en torno al golpe de Estado que expulsó al presidente Manuel Zelaya, mientras las organizaciones populares se preparan para garantizar la seguridad del mandatario depuesto a su regreso, previsto inicialmente para este jueves pero retrasado tras el ultimátum de la OEA.
"Siempre hemos vivido con miedo en el estómago, e incluso si seguimos teniendo miedo, no vamos a dejar que derriben el gobierno de los pobres", afirma Pedro Hernández, obrero del barrio de San Miguel.
En los barrios pobres de Tegucigalpa, la población parece tan dividida como en el resto de Honduras en torno al golpe de Estado que expulsó al presidente Manuel Zelaya, mientras las organizaciones populares se preparan para garantizar la seguridad del mandatario depuesto a su regreso, previsto inicialmente para este jueves pero retrasado tras el ultimátum de la OEA.
"Siempre hemos vivido con miedo en el estómago, e incluso si seguimos teniendo miedo, no vamos a dejar que derriben el gobierno de los pobres", afirma Pedro Hernández, obrero del barrio de San Miguel.
En el sur de Bogotá, jóvenes son reclutados para ir a la muerte
Henry Orrego (AFP) - El Nuevo diario - Nicaragua - 05/10-2008
La aparición cerca de la frontera con Venezuela de 23 cadáveres de jóvenes denunciados como desaparecidos en barrios pobres del sur de Bogotá, parece haber desnudado, según familiares y grupos de derechos humanos, un macabro mercado en el que se contratan muchachos para matarlos.
Una comisión estatal fue conformada para investigar testimonios que implican incluso a militares en el reclutamiento de jóvenes con tentadoras ofertas de trabajo en el campo. Una vez allí, son ejecutados y presentados como combatientes irregulares muertos en combate.
Una comisión estatal fue conformada para investigar testimonios que implican incluso a militares en el reclutamiento de jóvenes con tentadoras ofertas de trabajo en el campo. Una vez allí, son ejecutados y presentados como combatientes irregulares muertos en combate.
En el sur de Bogotá, jóvenes son reclutados para ir a la muerte
Henry Orrego (AFP) - El Nuevo diario - Nicaragua - 05/10-2008
La aparición cerca de la frontera con Venezuela de 23 cadáveres de jóvenes denunciados como desaparecidos en barrios pobres del sur de Bogotá, parece haber desnudado, según familiares y grupos de derechos humanos, un macabro mercado en el que se contratan muchachos para matarlos.
Una comisión estatal fue conformada para investigar testimonios que implican incluso a militares en el reclutamiento de jóvenes con tentadoras ofertas de trabajo en el campo. Una vez allí, son ejecutados y presentados como combatientes irregulares muertos en combate.
El tema esta en la agenda del canciller Jaime Bermúdez, que esta semana se reúne en Londres con la cancillería británica que financia un plan de entrenamiento en derechos humanos para las tropas colombianas, según anunció el Foreign Office.
De acuerdo con los reportes en poder de la oficina de alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo (ombudsmán), tan sólo en Bogotá casi 300 jóvenes de entre 20 y 30 años desaparecieron en el último año en circunstancias similares.
"Mi hijo era un muchacho bueno, trabajador, quería salir adelante, nunca tuvo problemas", dijo Flor Hilda Hernández, madre de Elkin Verano, uno de los jóvenes hallados en una fosa común en la ciudad de Ocaña (noreste), enterrado como muerto en combate.
Hernández relató a la AFP que su hijo salió de casa a comienzos de enero, sin comentarle nada, junto a su mejor amigo Joaquín Castro, con quien trabajaba en una fundición.
Una semana después "el 13 de enero me llamó por celular, me dijo que estaba bien, con Joaquín, y que pronto regresaba".
De ambos no se supo nada hasta cuando sus cuerpos fueron hallados a fines de septiembre. "El proyecto de mi hijo lindo era trabajar para ayudarme, porque él era mi mano derecha, pero en ningún momento me comentó que se fuera a ir para ningún lado", afirma la mujer, que carga como un tesoro la foto de Elkin, de ojos claros y cabello corto.
Un texto de la oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, señala que según numerosos testigos los jóvenes desaparecen tras recibir ofertas de trabajo y "uno o dos días después de haber sido vistos con vida por última vez por sus familiares, resultan reportados como muertos en combate por el Ejército".
"Mi hijo salió de la casa el 4 de marzo en la mañana y apareció muerto a las dos de la tarde del 5 de marzo, con un camuflado y botas, no es posible ni lógico", apuntó Ana Garzón, madre de otro de los jóvenes.
En las calles polvorientas de Ciudad Bolívar, una comuna de 350 barrios tuguriales con 700.000 habitantes en el sur de Bogotá, la presencia de grupos ilegales no es un secreto.
"Los 'muchachos' patrullan armados, con pantalón camuflado y camisa negra. Extorsionan en las tiendas y los autobuses", cuenta temeroso Jaime, profesor de un colegio católico en la zona.
"Tenemos miedo por nuestros hijos, cuando vamos a trabajar tenemos que dejarlos encerrados, pero los más grandecitos son otra cosa, ellos no quieren estar en la casa y uno no sabe qué puede pasarles", dijo Miriam Rodríguez, empleada de aseo en un centro comercial y quien a sus 29 años, ya tiene un hijo de 14, Eduardo, que abandonó la escuela.
"Para estos jóvenes tener un trabajo con un salario fijo mensual es una posibilidad muy atractiva en barrios donde no tienen opciones de trabajo o estudio", dijo Jorge Rojas, director de la ONG Codhes, (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento).
Rojas cree que en este tema el gobierno usa "la táctica del avestruz, de meter la cabeza para no reconocer la realidad". "El gobierno piensa que aquí no hay un conflicto armado interno, que los paramilitares (de ultraderecha) no existen, que la guerrilla está controlada y el narcotráfico derrotado", señaló.
La aparición cerca de la frontera con Venezuela de 23 cadáveres de jóvenes denunciados como desaparecidos en barrios pobres del sur de Bogotá, parece haber desnudado, según familiares y grupos de derechos humanos, un macabro mercado en el que se contratan muchachos para matarlos.
Una comisión estatal fue conformada para investigar testimonios que implican incluso a militares en el reclutamiento de jóvenes con tentadoras ofertas de trabajo en el campo. Una vez allí, son ejecutados y presentados como combatientes irregulares muertos en combate.
El tema esta en la agenda del canciller Jaime Bermúdez, que esta semana se reúne en Londres con la cancillería británica que financia un plan de entrenamiento en derechos humanos para las tropas colombianas, según anunció el Foreign Office.
De acuerdo con los reportes en poder de la oficina de alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo (ombudsmán), tan sólo en Bogotá casi 300 jóvenes de entre 20 y 30 años desaparecieron en el último año en circunstancias similares.
"Mi hijo era un muchacho bueno, trabajador, quería salir adelante, nunca tuvo problemas", dijo Flor Hilda Hernández, madre de Elkin Verano, uno de los jóvenes hallados en una fosa común en la ciudad de Ocaña (noreste), enterrado como muerto en combate.
Hernández relató a la AFP que su hijo salió de casa a comienzos de enero, sin comentarle nada, junto a su mejor amigo Joaquín Castro, con quien trabajaba en una fundición.
Una semana después "el 13 de enero me llamó por celular, me dijo que estaba bien, con Joaquín, y que pronto regresaba".
De ambos no se supo nada hasta cuando sus cuerpos fueron hallados a fines de septiembre. "El proyecto de mi hijo lindo era trabajar para ayudarme, porque él era mi mano derecha, pero en ningún momento me comentó que se fuera a ir para ningún lado", afirma la mujer, que carga como un tesoro la foto de Elkin, de ojos claros y cabello corto.
Un texto de la oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, señala que según numerosos testigos los jóvenes desaparecen tras recibir ofertas de trabajo y "uno o dos días después de haber sido vistos con vida por última vez por sus familiares, resultan reportados como muertos en combate por el Ejército".
"Mi hijo salió de la casa el 4 de marzo en la mañana y apareció muerto a las dos de la tarde del 5 de marzo, con un camuflado y botas, no es posible ni lógico", apuntó Ana Garzón, madre de otro de los jóvenes.
En las calles polvorientas de Ciudad Bolívar, una comuna de 350 barrios tuguriales con 700.000 habitantes en el sur de Bogotá, la presencia de grupos ilegales no es un secreto.
"Los 'muchachos' patrullan armados, con pantalón camuflado y camisa negra. Extorsionan en las tiendas y los autobuses", cuenta temeroso Jaime, profesor de un colegio católico en la zona.
"Tenemos miedo por nuestros hijos, cuando vamos a trabajar tenemos que dejarlos encerrados, pero los más grandecitos son otra cosa, ellos no quieren estar en la casa y uno no sabe qué puede pasarles", dijo Miriam Rodríguez, empleada de aseo en un centro comercial y quien a sus 29 años, ya tiene un hijo de 14, Eduardo, que abandonó la escuela.
"Para estos jóvenes tener un trabajo con un salario fijo mensual es una posibilidad muy atractiva en barrios donde no tienen opciones de trabajo o estudio", dijo Jorge Rojas, director de la ONG Codhes, (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento).
Rojas cree que en este tema el gobierno usa "la táctica del avestruz, de meter la cabeza para no reconocer la realidad". "El gobierno piensa que aquí no hay un conflicto armado interno, que los paramilitares (de ultraderecha) no existen, que la guerrilla está controlada y el narcotráfico derrotado", señaló.
viernes

Universarios de Bogotá ponen en marcha el "Waiting for mister Bush"
BOGOTA, 9 Mar 2007 -
Gerardo mira nervioso a su alrededor antes de sacar de su mochila lo necesario para una "bomba papa" (explosivo artesanal de bajo poder), en un bar cerca de la Universidad Nacional de Bogotá, epicentro de las protestas contra la visita del presidente estadounidense, George W. Bush. "Aquí estamos 'waiting for mister Bush'", dice y suelta una carcajada mientras mueve algunos paquetes y la capucha sobre la mesa.
A punto de cumplir 30 años, dice que es uno más de los 22.000 estudiantes de la principal universidad estatal colombiana donde ha iniciado varias carreras, aunque no terminó ninguna. Un envoltorio de aluminio, unos cuantos gramos de químicos y una moneda, que al chocar con el pavimento sirve de detonante, sirven para fabricar las bombas que junto a las piedras, han sido sus armas para los choques que desde el martes sostienen con la policía en las avenidas que rodean el extenso campus.
Bush hará el domingo una escala de seis horas en Bogotá en la mitad de su periplo, tras visitar a Brasil y Uruguay y antes de viajar a Guatemala y México. La visita la dedicará casi exclusivamente a hablar con el presidente colombiano Alvaro Uribe, su principal aliado en la región y cuya estrategia de mano dura contra la guerrilla ha apoyado integralmente.
Los universitarios han sido los más beligerantes en las protestas que ha generado esta segunda visita de Bush a Colombia, donde ya estuvo en 2003 en el balneario de Cartagena (norte). "Afuera, nefasto emperador Bush", "Trágate tu TLC", "No eres bienvenido a Colombia, asesino de iraquíes", rezaban algunas pancartas exhibidas por un centenar de estudiantes encapuchados que el jueves protagonizaron una gresca de cuatro horas, lanzando piedras y bombas papa a los agentes antimotines, que los repelían con chorros de agua.
"No los hemos dejado tomarse la calle", comenta el general Daniel Castilanco, comandante de la Policía en Bogotá. Pero para muchos de los 6 millones de habitantes de la capital colombiana ha sido el caos. "No he podido llegar rápido a la casa, porque los trancones (atascos de tráfico) no dejan", se queja Manuel Gachavita, un obrero de 25 años tras observar los enfrentamientos callejeros desde una estación del Trasmilenio, un servicio de autobuses públicos.
Los directivos de la universidad optaron por cancelar actividades académicas hasta el lunes. Las centrales obreras y la coalición de izquierda Polo Democrático han programado una manifestación el domingo, aunque el estricto plan de seguridad los mantendrá a dos km de distancia de la Casa de Nariño y sus alrededores, fortificados para la ocasión.
"Allí estaremos", promete Gerardo, para quien la última semana ha sido agitada. Para él y sus compañeros las protestas se justifican no sólo por lo que representa Bush como "cabeza del imperio e invasor de Irak", sino sobre todo por su apoyo a Uribe, especialmente tras el escándalo que llevó a la cárcel a ocho congresistas oficialistas por supuestos nexos con grupos paramilitares de ultraderecha. "No es posible que nos vengan con el cuento de que todos los demás eran malos, pero que Uribe es un santo", comenta, mientras levanta una botella de cerveza.
BOGOTA, 9 Mar 2007 -
Gerardo mira nervioso a su alrededor antes de sacar de su mochila lo necesario para una "bomba papa" (explosivo artesanal de bajo poder), en un bar cerca de la Universidad Nacional de Bogotá, epicentro de las protestas contra la visita del presidente estadounidense, George W. Bush. "Aquí estamos 'waiting for mister Bush'", dice y suelta una carcajada mientras mueve algunos paquetes y la capucha sobre la mesa.
A punto de cumplir 30 años, dice que es uno más de los 22.000 estudiantes de la principal universidad estatal colombiana donde ha iniciado varias carreras, aunque no terminó ninguna. Un envoltorio de aluminio, unos cuantos gramos de químicos y una moneda, que al chocar con el pavimento sirve de detonante, sirven para fabricar las bombas que junto a las piedras, han sido sus armas para los choques que desde el martes sostienen con la policía en las avenidas que rodean el extenso campus.
Bush hará el domingo una escala de seis horas en Bogotá en la mitad de su periplo, tras visitar a Brasil y Uruguay y antes de viajar a Guatemala y México. La visita la dedicará casi exclusivamente a hablar con el presidente colombiano Alvaro Uribe, su principal aliado en la región y cuya estrategia de mano dura contra la guerrilla ha apoyado integralmente.
Los universitarios han sido los más beligerantes en las protestas que ha generado esta segunda visita de Bush a Colombia, donde ya estuvo en 2003 en el balneario de Cartagena (norte). "Afuera, nefasto emperador Bush", "Trágate tu TLC", "No eres bienvenido a Colombia, asesino de iraquíes", rezaban algunas pancartas exhibidas por un centenar de estudiantes encapuchados que el jueves protagonizaron una gresca de cuatro horas, lanzando piedras y bombas papa a los agentes antimotines, que los repelían con chorros de agua.
"No los hemos dejado tomarse la calle", comenta el general Daniel Castilanco, comandante de la Policía en Bogotá. Pero para muchos de los 6 millones de habitantes de la capital colombiana ha sido el caos. "No he podido llegar rápido a la casa, porque los trancones (atascos de tráfico) no dejan", se queja Manuel Gachavita, un obrero de 25 años tras observar los enfrentamientos callejeros desde una estación del Trasmilenio, un servicio de autobuses públicos.
Los directivos de la universidad optaron por cancelar actividades académicas hasta el lunes. Las centrales obreras y la coalición de izquierda Polo Democrático han programado una manifestación el domingo, aunque el estricto plan de seguridad los mantendrá a dos km de distancia de la Casa de Nariño y sus alrededores, fortificados para la ocasión.
"Allí estaremos", promete Gerardo, para quien la última semana ha sido agitada. Para él y sus compañeros las protestas se justifican no sólo por lo que representa Bush como "cabeza del imperio e invasor de Irak", sino sobre todo por su apoyo a Uribe, especialmente tras el escándalo que llevó a la cárcel a ocho congresistas oficialistas por supuestos nexos con grupos paramilitares de ultraderecha. "No es posible que nos vengan con el cuento de que todos los demás eran malos, pero que Uribe es un santo", comenta, mientras levanta una botella de cerveza.
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